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viernes, 2 de marzo de 2018

El arco iris de. D. H. Lawrence



El arco iris (1915) cuenta la historia de una familia a lo largo de tres generaciones, desde la década de 1840 hasta 1905. Del granjero Tom Brangwen y su mujer Lydia Lensky, viuda de un médico polaco, hasta su nieta Ursula, ya una joven con trabajo y estudios, describe el paso de una sociedad rural a una urbana e industrial con una sensibilidad en su día completamente nueva, y aún hoy enormemente original y sorprendente.

 Prohibida en su día por «obscena», la novela encuadra la saga familiar en los esquivos y neblinosos márgenes de la intimidad, en los que el autor se vuelca como ningún otro lo había hecho antes: es en la conciencia de sí mismos, en su aceptación o rechazo de las condiciones de la vida en pareja, y de todo lo que ésta crea y destruye, donde los personajes se definen, huyen o se atrapan, viven y evolucionan.

En este marco D.H. Lawrence pinta las pasiones de sus personajes mientras explora la distintas presiones que someten sus vidas. Su foco se centra principalmente en la batalla individual por crecer, el matrimonio y el cambio de las condiciones sociales, un proceso que será más difícil generación tras generación.

 La joven Ursula Brangwen, cuya historia continuará en Mujeres enamoradas, será finalmente la figura central en la que se reflejarán los esquemas sociales Ingleses y el impacto de la industrialización y urbanización en la psique humana.

 Las acusaciones de “obscenidad” a la novela en su época no deben hacernos esperar, en cualquier caso, nada escandaloso, sino que hay que enmarcarlas precisamente en el devenir de una época caracterizada por su exagerado puritanismo y que en 1915, fecha de escritura de “El arco iris” daba sus últimos coletazos.

 Ni siquiera lo que se nos ofrece aquí ataca a uno de los pilares fundamentales de la sociedad victoriana como sí ocurría con el matrimonio en “El amate de Lady Chatterley”. El gran ingrediente de la obra es, aquí, no el sexo, sino el deseo, la sensualidad.

 Lo que Lawrence propone, en linea con el pensamiento freudiano (en alza en su época) es la idea de que el deseo sexual lo impregna todo y que la vida de cualquier hombre o cualquier mujer, por más que a simple vista parezca encauzada por los límites de la moral, está sacudida a diario por la sexualidad y sus instintos (y sus frustracciones).

 Lo que Lawrence hace en esta obra es cuestionar la posibilidad de ser felices que tienen los personajes en una estructura familiar (y por ende social) que les impide la plena realización de sus deseos más íntimos. Lo que cuestiona, en última instancia, son los mecanismos sociales de la vida en pareja: o dicho de otro modo, como la moral externa determinaba también (y determina) el comportamiento dentro del hogar.

 Son esas cuestiones, la crítica de Lawrence a las fronteras de lo social y su indagación en la intimidad de lo familiar (el descorrer los visillos de los hogares victorianos) lo que sin duda empujó a los censores a prohibir esta novela, y no su carga erótica.

 Estamos pues ante una novela valiente, a la que sólo le falta, la agilidad verbal que sí que está presente una década después en “El amante de Lady Chatterley”, pues “El arco iris” avanza todavía con la pesadez verbal y las largas frases tan características de lo victoriano. En eso, en la modificación del lenguaje, Lawrence fue también un precursor, pero esa habilidad no queda tan patente en esta obra.

 Se publicó en 1915 y en esa época un novelista que se preciara no se inmiscuía en la sexualidad de sus personajes porque no se podía hablar explícitamente de sexo. Pero un escritor como Lawrence necesitaba dar salida a la tormenta de pasiones que enreda a hombres y mujeres, y la simulación o la referencia velada no iban ni con su temperamento ni con su escritura. Y necesitaba explorar sin veladuras los sentimientos, el sexo, el matrimonio, los instintos, la espontaneidad e incluso la religión.

 Para que se hagan una idea, un beso en Conrad, James o Madox Ford era un simple detalle, una delicatessen ofrecida por unos señores de orden; en Lawrence, un beso es un terremoto de 7 puntos en la escala de Richter; conque imaginemos lo que puede ser una escena tórrida en sus manos.

 En El arco iris se pasa del éxtasis al abismo, de la negrura a la luz, del estremecimiento a la desolación en un solo párrafo; y, sin embargo, no puede decirse de Lawrence que sea otra cosa que un hombre resuelto a explorar y exponer lo que de verdad hay en el origen del encuentro y la lucha entre los sexos. Él pone el acento por igual en hombres y mujeres, aunque sus heroínas suelen ser más complejas. Y se expresa con la vehemencia y la fuerza de un joven salvaje. Esto le hace excederse, repetirse, enrollarse, pero al lector de su época le estaba descubriendo un mundo real con la ambición y el descaro de un guardabosque lleno de sensibilidad.

miércoles, 28 de febrero de 2018

Hijos y amantes de D. H. Lawrence



Amar a una persona significa renunciar a otras que podrían haber sido parte de nuestra vida, pero que deben quedar fuera porque en todo amor hay una cierta exigencia de exclusividad. David Herbert Lawrence (1885-1930) imaginó a un joven, Paul Morel, que debe renunciar a las mujeres de las que se va enamorando ya que por encima de todas las cosas ama a una mujer casada, con la que ni siquiera puede casarse, porque es su propia madre. Hijos y amantes (1913) es la historia de una pasión, una pasión enfermiza: la que según sus biógrafos, padeció el propio Lawrence, como tantos otros hombres que posiblemente conozcamos, que viven sumidos en la paradoja de no poder elegir un amor por amor.

 Hijos y amantes retrata la historia de una familia en la cuenca minera de Nottingham, y en especial de una mujer, Gertrude Morel, esposa abnegada e inteligente, enérgica y vital. Casada con un hombre al que desprecia, simple y trabajador, que en muchas ocasiones la maltrata, Gertrude concibe cuatro hijos sobre los que vuelca todo su amor, en un ambiente de permanente lucha con la pobreza, la fealdad y la mezquindad. Paul, el tercero de sus hijos, nacerá en el peor momento en la relación del matrimonio: será el hijo no deseado, el fruto de la resignación, el ser inocente que habrá que proteger con el manto del cariño más profundo.

 Gertrude puede concebirse como una gran heroína de novela: pese a las adversas circunstancias, se va sobreponiendo a la vida sacando adelante a sus hijos, minando a conciencia la autoridad de su marido, imponiendo su justo criterio en cada decisión familiar. La vida de la familia parece recluirse, se encoge y enmudece en cuanto aparece el padre. Ninguno de los hijos lo quiere. La autoridad de la madre en el seno familiar es incontestable.

 Pero los hijos crecen. Paul conseguirá pronto un trabajo en una fábrica de aparatos ortopédicos. Es un chico alegre y espabilado, con dotes artísticas para la pintura, con la que algún día piensa triunfar. Una noche, Paul llegará un poco más tarde a cenar y él, inocentemente, le contará que estuvo con una amiga. Con el tiempo, conocerá a Miriam, una chica de temperamento romántico, y entre ellos se establecerá pronto una relación muy estrecha, casi espiritual. Entonces la madre notará que se le encoge el corazón. ¿Se truncará la carrera de su hijo? Un punto de angustia se instala en su interior: sólo espera que se desarrolle y coseche el fruto de todo lo que ella ha puesto en él.

 A partir de ese momento, la novela dará un giro dramático. Alejado de todo convencionalismo, D. H. Lawrence no nos mostrará a una madre posesiva ni a un hijo pelele, sino una lucha dolorosa entre instinto y razón, contada con una sensibilidad admirable. Sólo en pequeños gestos, en palabras escasas y justas, veremos la sabia destreza de Gertrude por acaparar el amor de su hijo. Por su parte, Paul, irá descubriendo poco a poco sus insospechadas limitaciones con las mujeres: en los brazos de Miriam siente una intimidad turbada que no le satisface porque, en el fondo, siente miedo de ella. ¿Por qué se siente tan desgarrado, tan aturdido, incapaz de tomar una decisión sobre su amor por Miriam? ¿Por qué sufre su madre en casa? ¿Y por qué siente la necesidad de odiar a Miriam y le dan tantas ganas de mostrarse cruel con ella cuando se acuerda de su madre? Si Miriam es la causa del sufrimiento de su madre, tiene que aborrecerla. Sólo acierta a saber que ama a Miriam, y sin embargo, no puede estar con ella. La impotencia frente al deseo, frente a una poderosa exigencia de algo desconocido que habita en Paul, será precisamente el límite que ninguna mujer alcanzará a traspasar en él.

 En Hijos y amantes, la pasión será la gran protagonista, una fuerza incomprensible que arrastra a Paul a un sacrificio inútil. Lo extraordinario de esta novela es el perfecto estudio psicológico de los personajes, con sus anhelos y sus contradicciones extremadamente definidos. Estamos sin duda ante uno de los mejores análisis del complejo de Edipo que nos ha deparado la literatura, pero ni siquiera en ese aspecto cae en ningún momento en el tópico. El hijo se empleará a fondo en combatir a su madre, casi tanto como se emplea en combatir a su novia. La madre deseará fervientemente que Paul se enamore de una muchacha digna de ser su compañera. Y sin embargo, un oscuro sentimiento impedirá romper el fuerte y obsesivo lazo entre madre e hijo.

lunes, 26 de febrero de 2018

David Herbert Lawrence



Nació en Eastwood el 11 de septiembre de 1885. Cuarto hijo de Arthur John Lawrence, un minero, y Lydia Beardsall, una maestra. David Herbert asistió a la escuela primaria en Eastwood y completó la escuela secundaria en Nottingham. Arthur John Lawrence fue un minero que casi no sabía leer. A los dieciséis años, el futuro escritor comenzó a trabajar en Nottingham.

 Dejó los estudios en 1901 y consiguió un empleo de tres meses como dependiente en una fábrica de aparatos quirúrgicos en Haywood, antes de que un brote de neumonía pusiera fin a este trabajo. Mientras permanecía convaleciente, solía desplazarse a la granja Haggs, el hogar de la familia Chambers, donde entabló amistad con Jessie Chambers. Un aspecto importante de esta relación con Jessie y otros adolescentes fue la pasión que todos ellos sentían por la literatura.

 Jessie Chambers quien se conviertió en su mejor amiga y que con el tiempo sería la inspiración para el personaje de Miriam en la novela "Hijos y amantes". De 1902 a 1906, Lawrence se desempeñó como maestro en la British School de Eastwood. También dedicó la casi totalidad de su tiempo a los estudios y recibió un diploma de docencia por la Universidad de Nottingham en 1908.

 En el otoño de 1908, Lawrence dejó el hogar de su juventud para trasladarse a Londres y se convirtió en maestro en Croydon, cerca de Londres. La muerte de su madre, en 1910, Lydia, marcó profundamente la vida de Lawrence. Es evidente que Lawrence mantenía una relación muy cercana con su madre, por lo que la pena que sintió tras su fallecimiento supuso un giro en su vida. A finales de ese mismo año volvió a enfermar de neumonía, por lo que decidió dimitir de su cargo de profesor. Una profesora colega suya, Helen Corke, le ofreció libre acceso a sus diarios íntimos sobre una triste aventura amorosa, que sirvió de fundamento para El intruso.

 En marzo de 1912, el autor conoció a Frieda Weekley, cuyo apellido de soltera era von Richthofen, y con quien compartiría el resto de su vida. Frieda era seis años mayor que él, estaba casada y tenía tres hijos pequeños.12 Entonces era la esposa de un antiguo profesor de lenguas modernas de Lawrence en la Universidad de Nottingham, Ernest Weekley.

 De este modo, ambos comenzaron una aventura y huyeron a la casa de los padres de Frieda en Metz, que en ese entonces era una fortificación alemana próxima a la frontera disputada con Francia. Su estancia en Metz supuso el primer encuentro de Lawrence con el militarismo, cuando fue arrestado y acusado de ser un espía británico, antes de ser liberado gracias a la intervención de su futuro suegro. Tras esta experiencia, Lawrence se desplazó a una pequeña aldea al sur de Múnich, acompañado de Weekley en la que fue su «luna de miel.

 Finalmente, Weekley obtuvo su divorcio. La pareja optó por regresar a Inglaterra con el comienzo de la Primera Guerra Mundial, y contrajo matrimonio el 13 de julio de 1914. La nacionalidad alemana de Weekley, así como el rechazo abierto de Lawrence por el militarismo, levantaron sospechas hacia ellos en una Inglaterra sumida en la guerra, por lo que casi tuvieron que vivir en la indigencia.

 El arco iris (1915) fue censurado, tras una investigación, por su supuesta obscenidad. Más tarde, la pareja fue incluso acusada de espionaje y apoyo a los submarinos alemanes en las proximidades de la costa de Cornualles, donde vivían en Zennor.

  En realidad, la pareja fue expulsada Cornualles en octubre de 1917 debido al pacifismo de él y la nacionalidad alemana de ella. Huyó de Inglaterra en cuanto tuvo oportunidad y regresó solamente en dos ocasiones, por un breve período, por lo que pasó el resto de su vida viajando en compañía de su esposa. Esta peregrinación lo llevó a recorrer Australia, Italia, Sri Lanka —entonces conocida como Ceilán—, Estados Unidos, México y el sur de Francia.

 Lawrence es reconocido como uno de los escritores de viaje más prolíficos en lengua inglesa. El mar y Cerdeña, un libro que describe un breve viaje desde Taormina en enero de 1921, es una recreación de la vida de los habitantes de esta parte del Mediterráneo.

 Frente a las grandes desventajas, a la pobreza en que se mantuvo durante las tres cuartas partes de su vida y la hostilidad que sobrevive a su muerte, él no hizo nada que realmente no quisiera hacer, y todo lo que más quiso hacer lo hizo. Viajó por todo el mundo, fue dueño de un rancho, vivió en los rincones más hermosos de Europa, y conoció a quien quería conocer y les dijo que estaban equivocados y que él estaba en lo correcto. Pintó e hizo cosas, y cantó, y cabalgó. Consiguió ser libre de los grilletes de la civilización y del no de las camarillas literarias.

Hubo de pasar la mayor parte de su vida en un exilio voluntario, que él mismo llamó «peregrinación salvaje». En el momento de su muerte su imagen ante la opinión pública era la de un pornógrafo que había desperdiciado su considerable talento. La libertad tiene su precio.

 Su obra refleja su oposición a una época marcada por las consecuencias de la industrialización, y luego por la primera guerra mundial. Lawrence se opone mediante una exaltación del instinto sobre la razón, de la pasión sobre el intelecto, y de la espontaneidad frente al convencionalismo.

 Este pensamiento lo lleva a un retorno a lo primordial e instintivo, cuyo centro se halla en la vida sexual, concebida como única forma de conocimiento inmediato. Lawrence odiaba lo que la revolución industrial representaba y amaba la vida al aire libre, la plenitud de la naturaleza contra el imperio de las máquinas, el fuego de la vida en el individuo contra la masificación. No quería ser “uno de esos seres espectrales y sin vida a los que en nuestra lengua muerta llamamos gente”.

 La descripción de la sexualidad de sus personajes es muy detallada y directa. Es uno de los aspectos más polémicos de su obra, y le ocasionó varios conflictos con la censura. Así, sus novelas El arco iris y El amante de Lady Chatterley, fueron prohibidas bajo la acusación de obscenas. El arco iris es la primera parte de una historia que culmina con la publicación de Mujeres enamoradas en 1920.