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viernes, 25 de noviembre de 2016

En el camino de Jack Kerouac

"En el camino" fue la biblia y el manifiesto de la generación beat. En esta novela se narran los viajes enloquecidos, a bordo de Cadillacs prestados y Dodges desvencijados de Dean Moriarty y el narrador Sal Paradise, recorriendo el continente, de Nueva York a Nueva Orleans, Ciudad de México, San Francisco, Chicago y regreso a Nueva York.
Sal Paradise es un joven escritor que vive tranquilamente en con su tía en Nueva York al que le empieza a aburrir su ciudad y necesita vivir nuevas experiencias. Es un personaje bohemio que se deja llevar por los demás.
Dean Moriarty es un joven con una vida difícil, incapaz de comprometerse con nada ni nadie, lo único que le interesa es viajar y vivir la vida al máximo llevado por sus impulsos, por ejemplo, por su adicción a robar autos para después dejarlos tirados solo por el placer de salir a dar vueltas o de hablar horas y horas sobre un simple detalle.
Dean era hijo de un borracho miserable, uno de los mas vagos de la calle Larimer. A los seis años solía comparecer ante el juez para pedirle que pusiera en libertad a su padre. Solía mendigar en las callejas y entregaba el dinero a su padre, que esperaba entre botellas rotas con algún viejo amigote.
Luego, cuando Dean creció, empezó a frecuentar los billares de Glenarm y fue a parar a un reformatorio. Desde los once a los diecisiete años pasó la mayor parte del tiempo en reformatorios. Su especialidad era el robo de coches; luego acechaba a las chicas a la salida de los colegios, y se las llevaba a las montañas, se las volteaba y volvía a dormir a cualquier cuartucho de un hotel de mala muerte.
Los demás personajes que van apareciendo son de la misma esencia: jóvenes impulsados por la edad a buscar nuevas experiencias. Es el comienzo de la generación beat, un grupo que antecedió a los Hippies.
La lista de los "héroes menores" es interminable: Chad King, Carlo Marx, Marylou, Bull Lee, Elmer Hassel, Jane, Roy Johnson, Ed Dunkel, Remi Boncoeur, Lee Ann, Montana Slim, Mississippi Gene. Este grupo manifiesta un afán indescriptible por vivir, considerado lo único sagrado, lo cual significa vivir al máximo. La vida para ellos tiene como sustancia la conciencia obnubilada de la muerte cercana. Se vive intensamente como si se estuviera muriendo.
Sal conoce a Dean, a través de un amigo, al que Dean escribía desde un reformatorio, para que le ayudara a culturizarse y le enseñase lo que sabía. Chad se lo cuenta a Sal para que este, al ser un escritor, ayude a Dean.
Después de que se conocen, Dean aparece un día en casa de la tía de Sal en Nueva York, Sal se queda extrañado al ver que Dean quiere aprender a escribir y por eso lo busca. Aun a sabiendas de que Dean se estaba aprovechando de él, no podía pedirle que se marchara porque necesitaba las aventuras que cada día le daba: salidas nocturnas, alcohol, drogas, mujeres, una vida que siempre había querido probar pero nunca se había atrevido.
Dean más tarde se casa con una chica a la que trata mal, y acaban separándose y discutiendo, de donde sale una denuncia falsa sobre Dean que hace que tenga que escaparse para que no lo detenga la policía.
El primer viaje de Sal es a Denver donde también habían viajado sus amigos incluido Dean. Para llegar allí Sal hace autoestop, y en el transcurso del viaje se encuentra con muchas personas distintas. Cuando llega se encuentra con sus amigos y pasa varias noches en casa de Chad y después vuelve a casa.
Su siguiente viaje es a San Francisco donde siguen sus aventuras nocturnas. Después de estar en San Francisco, conocen a una chica, lo cual le lleva a viajar a México.
Dean aparece en Virginia en las navidades del siguiente año donde se encuentra Sal, allí Dean causa una mala impresión en la familia de Sal. Sal y Dean viajan a Nueva York para llevar unos muebles del hermano y luego vuelven a por la tía de Sal.
Después de pasar unos meses en Nueva York vuelven a San Francisco parando unos días en Nueva Orleans y después de una temporada en San Francisco Sal vuelve a Nueva York.
En su siguiente viaje vuelve a Denver pero no encuentra a ninguno de sus amigos y decide seguir hasta San Francisco donde encuentra a Dean destrozado por sus salidas nocturnas. Después de estar allí vuelven a Denver, y pasando por Detroit llegan a Nueva York.
“En el camino” quiere decir más o menos lo siguiente: dejarse quemar por la locura, por los viajes, por las drogas. Esta vida es para pocos, para aquellos que ya están destinados al desajuste y al desenfreno, a la ruptura de las fronteras entre ciudades, estados y también países. Lo importante no es el llegar, sino el viaje en sí: el estar "en el camino".
Es una forma de vida que desconoce lo convencional, los amores eternos quedan atrás, la estructura familiar de los beats está destrozada. Quienes andan en el camino son hijos de drogadictos, de prostitutas, de alcohólicos o de vagabundos.
Andar de camino es ganarse la vida, el alimento y lo necesario para el próximo viaje. La desolación de ir por la carretera, en un camión, se hace presente como síntoma de una generación que no tiene otro lugar a dónde ir; no hay nada por hacer: una carrera universitaria no asegura nada, un negocio no es para ellos, pues su vida está destinada al camino, ya sea haciendo autostop en las diferentes carreteras (las Rutas 6 y 66) o en trenes de carga de las líneas Missouri Pacific, Great Northern o Rock Island.
De cierta manera, la novela no muestra tajantemente el dolor que subyace en la piel, en la búsqueda de algo incesantemente, en la conciencia desgarrada de no poder encontrar algo. Por esto, el beat siempre va hacia delante, el dolor lo impulsa a no detenerse.
Para ellos sólo hay hogares temporales en cuartos de hoteles desvencijados. La sed vital insatisfecha, la búsqueda de horizontes de sentido, de dicha y de conocimiento y los atisbos místicos se estrellan contra una realidad inhóspita y desesperanzada.
El último viaje de Dean es a Nueva York donde va en busca de unos papeles para divorciarse de su actual mujer a la que abandonó poco después de casarse. Mientras que Sal sienta la cabeza.
Jack Kerouac escribió este himno definitivo de la generación beat en solo 3 semanas en un departamento de la calle 20 oeste en Manhattan, en el año 1951.

En la carretera (El rollo mecanografiado original) de Jack Kerouac

El Sal Paradise de todas las ediciones conocidas de esta novela mítica es aquí, al fin, Jack Kerouac. Y Dean Moriarty es Neal Cassady, y Carlo Marx es Allen Ginsberg, y Bull Lee es William Burroughs. Con la publicación del rollo original, la gesta viajera y existencial de En la carretera se vuelve autobiográfica de pleno derecho y a plena luz del día, sin censura alguna. Y el relato adquiere toda su potencia narrativa.
En él la obra original se libera de la poda editorial a que ha sido sometida hasta hoy y recupera su colosal envergadura. Seguimos a Kerouac y a Neal Cassady -el gran buscón, el «santo», el pecador contumaz y pletórico de carisma que roba protagonismo al autor en este viaje iniciático.
El lector siente los anhelos, la desolación, el éxtasis, el alcohol, la hierba, el sexo, el jazz, la época prosaica y adormilada contra la cual gritan; tiene en sus manos una suerte de manifiesto de la beat generation, que tanta épica ha aportado a la literatura, el cine y la música del mundo occidental contemporáneo.
Los personajes recuperan su nombre real, y sus lances amorosos se vuelven más explícitos. Y ello confiere a la historia un tono más genuinamente autobiográfico, sobre todo en lo que concierne a Neal Cassady y Allen Gingsberg.

Diarios 1947-1954 de Jack Kerouac

El diario de Jack Kerouac entre 1947 y 1954 (subtitulado Un mundo llevado por el viento) incluye dos libros muy distintos.
El primero está dedicado a la escritura de “El pueblo y la ciudad” , extensa novela dedicada a Lowe, la ciudad natal de Kerouac, más bien naturalista y muy distinta del resto de su obra. Es cronológico y mezcla las dudas y seguridades de alguien que aún no ha publicado, con los incontables detalles de su vida cotidiana. Vive en ese entonces con la madre (Memère), en Ozon Park (una zona de Queens), trabaja como un galeote en su novela (registrando el número de páginas que va escribiendo). Como descanso viaja a la cercana Manhattan, donde lleva una vida de reuniones, borracheras y relaciones sexuales y/o sentimentales. El 9 de septiembre de 1948 dice por fin claramente: "El libro está terminado", y el diario sobre él termina.
El segundo abarca el proceso de escritura de En el camino de un modo más inestable. No sólo porque viaja, interviene como cómplice para ocultar el arma en el asesinato que ejecuta su amigo Lucien Carr, y se casa (para salvarse de la cárcel). Por otra parte se desplaza una y otra vez por el mapa, con la presencia repetida de Neal Cassady. Además recala unos meses en Denver, a la espera de su familia, y apunta detalles abundantes sobre dicho territorio. "Tengo otra novela en mente," escribió en agosto de 1948, "En el camino, sobre la que no paro de pensar: dos tipos haciendo autoestop hasta California en busca de algo que no encuentran y perdiéndose a sí mismos en el camino, regresando con una esperanza de algo más".
La principal leyenda que demuelen ediciones como la de los Diarios o la de las Cartas con Ginsberg es el supuesto puro flujo espontáneo con que Kerouac habría escrito En el camino en tres semanas, representado a la perfección por el "rollo" ininterrumpido de papel que sería el único original "fiel", con los nombres propios reales. En los diarios, la escritura de En el camino tiene numerosas instancias previas y se va construyendo de a poco, con varios cambios de dirección.
Una contradicción permanente, un movimiento a veces simultáneo de atracción/rechazo aparece con sus compañeros más cercanos. Además de amigos como Lucien Carr (quien había matado hacía un tiempo a David Kammerer, lo que puso en aprietos legales a Kerouac) o John Holmes, veía a menudo a Allen Ginsberg o a William Burroughs, dos pesos pesados. Pero a veces le costaba: “Acabé envuelto en una discusión sin sentido con Burroughs y Ginsberg, sobre psicoanálisis y "horror", y me perdí el partido de fútbol. Ellos todavía siguen embalados con las mismas cuestiones de hace un año, o dos. A todos nos gusta cocernos en el mismo caldo año tras año, incluso a mí”.
Más adelante se centra en Ginsberg: "él intenta hacerse el avispado, hasta que lo acapara la tristeza y habla sin argucias intelectuales". Ya en 1948 se pregunta cómo puede ayudar a un hombre que nunca se detiene y nunca quiere descansar, y siempre lo acusa "de estúpido porque a mí me gusta descansar de vez en cuando y porque me siento bien conmigo mismo ocasionalmente, y porque creo en el trabajo, y me gustan las cosas y la gente de vez en cuando. Algún día me quitaré mi máscara y lo diré todo sobre quién es Ginsberg en realidad". A lo largo de los diarios, Kerouac deja entrever esta relación de amor-odio hacia Allen Ginsberg y un cinismo generalizado hacia todo lo que representaba la generación beat que él mismo ayudó a definir.
En cuanto a Burroughs, era el mayor de ellos, el más extraño, una especie de "tío raro", y lo veían con mayor respeto incluso por sus experiencias extremas (como haber matado a su pareja de un tiro, jugando a ser Guillermo Tell). De todos modos, reconoce que se siente más cómodo con John Holmes: "No me siento conscientemente involucrado con él como con Burroughs, digamos, (a quien le temo), y le temo a Burroughs porque él me teme a mí".
Sin discusión “la mujer” en la vida de Kerouac fue la madre, que lo acompañó hasta el final y con quien hablaba a menudo. 
A Kerouac lo obsesiona encontrar a la mujer de su vida con la que tener hijos y formar una familia. Vivir en un lugar tranquilo y dedicarse de por vida a escribir. Su madre, Gabrielle-Ange Lévesque, no lo deja en paz. Ni en sus pensamientos ni en sus actos. La piensa todo el tiempo. Ella es influyente. No quiere que se junte con determinados amigos: Allen Ginsberg, Neal Cassady, John Clellon Holmes, Herbert Huncke y William S. Burroughs no son buena compañía.
A final termina dándole la razón a su madre: “He sido necio, mentiroso y presumiblemente débil al fingir que era amigo de todas estas personas -Ginsberg, Joan, Carr, Kammerer, algunos otros también- cuando desde siempre todos hemos sabido que nos caemos mal y que estamos gesticulando sin pausa en una comedia de malicia”.
Descontento y cargado de dudas, inclemente consigo mismo, Kerouac llega a aborrecer su propia condición de hombre blanco y escribe: "Lo que me ofrece el mundo blanco no es suficiente para mí. Desearía ser un negro, cualquier cosa menos un hombre blanco desilusionado por lo mejor de su propio mundo blanco. Desearía cambiarme por los negros de América, felices, auténticos y estáticos". Más adelante, llega a decir que "el futuro de América reside en los negros".
Los diarios incluyen bastante material sobre mujeres, desde relaciones complejas (como el triángulo con Neal Cassady y Louanne, o luego con Carolyn Cassady e hijos) hasta pasiones (e idealizaciones salvajes) sucesivas. A veces con momentos violentos, como cuando Neal muele a golpes a Louanne, ante él y Lucien Carr, y comenta: "Estoy desilusionado, pero interesado en este salvajismo de Neal".
La relación de Kerouac y Cassady es la historia de la atracción irresistible del escritor hacia un vividor que a los 18 años había estado tres veces en el reformatorio y robado 500 coches. Cassady se convirtió en el verdadero motor de un fenómeno cultural influenciado por el movimiento dadá, Gertrude Stein, E.E. Cummings, Henry Miller, el panteísmo de Walt Whitman y el pensamiento de Thoreau. En febrero de 1968, Cassady fue encontrado sin vida junto a la vía del ferrocarril, a consecuencia de una mezcla de drogas y alcohol. Había pasado dos años en la prisión de San Quintín y recorrido el país en autobús junto a Ken Kesey, repartiendo ácido gratuitamente.
Totalmente alcoholizado, Kerouac le sobrevivió 21 meses. Murió el 21 de octubre de 1969, a los 47 años de edad, de una hemorragia abdominal masiva, consecuencia de sus excesos con el alcohol, pero su carrera hacia la autodestrucción había comenzado mucho antes. Nunca despertó de la operación a la que fue sometido para detener la hemorragia producto de una cirrosis.
Los diarios (más de 200 volúmenes) fueron mantenidos bajo llave en una bóveda en Lowell, Massachusetts, por estrictas instrucciones de la viuda de Kerouac, quien pidió que los manuscritos no vieran la luz hasta después de su muerte, que ocurrió en 1990.