viernes, 2 de diciembre de 2016

Thomas Bernhard

Dramaturgo y novelista austriaco nacido el  Su obra completa está compuesta por diecinueve novelas y diecisiete obras teatrales, aparte de otros trabajos menores.
Nació 9 de febrero de 1931 en Heerlen, Holanda, y falleció el 12 de febrero de 1989 en Gmunden. Su nombre completo es Nicolaas Thomas Bernhard. Pasó parte de su infancia en Viena y Seekirchen, trasladándose más tarde a Traunstein, en Baviera. El abuelo de Bernhard, el autor Johannes Freumbichler, intentó que Thomas recibiera una educación artística, incluyendo la música como algo importante en sus enseñanzas. Thomas estudió en Seekirchen y después en un internado Nacional Socialista que, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, pasó a pertenecer a la Iglesia Católica. Intentó desarrollar carrera como actor, pero acabó siendo uno de los escritores más influyentes de Austria. Una constante de su obra es la relación de amor-odio hacia su país.
Después de seguir estudios de música, se orientó hacia la literatura, y desde su primera novela, Helada (1963), desarrolló un universo nihilista habitado por personajes ferozmente autocríticos y autodestructivos. Hijo ilegítimo de un carpintero austriaco y de la hija del escritor Johannes Freumbichler, Bernhard vivió en casa de sus abuelos maternos hasta que su madre se casó. El marido de ésta no lo prohijó sino que pasó a ser únicamente su tutor. A los dieciséis años interrumpió sus estudios de bachillerato en Salzburgo y empezó a trabajar como aprendiz en un almacén de comestibles. Contrajo entonces una grave pleuresía que degeneró en una tuberculosis, enfermedad que padecería toda la vida. Pasó cuatro años ingresado en el sanatorio de Grafenhof (Salzburgo), donde comenzó a escribir.
Ya en 1943 empezó a tomar clases de música y a partir de 1952 estudió canto, dirección teatral e interpretación en el Mozarteum de Salzburgo. Paralelamente a sus estudios trabajó como reportero para el Demokratisches Volksblatt, en donde publicó también sus poemas. Realizó numerosos viajes, algunos con Hedwig Stavianicek, una mujer 37 años mayor que él que fue su mecenas y “el ser de su vida”.
Siempre lo acompañó la polémica: en 1983 fue secuestrada por orden judicial su obra Tala, a consecuencia de una querella del compositor G. Lampersberg. El escritor prohibió entonces la venta en Austria de su obra y no modificó su actitud hasta el año siguiente, en que Lampersberg retiró su demanda. El último gran escándalo lo produjo el estreno de su obra Plaza de héroes en 1988.
La gran producción de Bernhard puede dividirse en tres etapas: una fase religiosa, una fase intermedia más patética y una tercera, que se deriva de la anterior, en la que lo patético se expresa preferentemente a través de la ironía. Los primeros intentos líricos de Así en la tierra como en el infierno(1949) muestran un Bernhard que en la línea de Pascal busca a Dios. El infierno (Hölle) es la realidad terrenal que espera redención. “Negro es mi mensaje”, dice el yo lírico de estos poemas, una afirmación que se revelará válida para todo el opusbernhardiano.
El tono todavía conciliador con el mundo de estos poemas desaparece ya en el ciclo Ave Virgilio (1981), que compila las poesías de la década de 1970. El fervor religioso se convierte aquí en pura negatividad y ésta pasará a dominar su prosa. El primer resultado de este giro es la novela Helada (1963) con la que entra de lleno en el panorama literario contemporáneo. “El suicidio es mi naturaleza”, dice el pintor Strauch al estudiante de medicina que se ha desplazado a Weng, un pueblo situado en un valle, para observar la paranoia del artista.
La locura es presentada como la única respuesta posible en un mundo pervertido, falto de toda espiritualidad y sentido que, en la novela, está representado por el pueblecito rodeado de montañas, un espacio frío, malvado, enemigo del hombre, en donde sus habitantes han adoptado las características de la naturaleza. Los espacios que tradicionalmente la literatura ha escogido como idílicos, Bernhard los transforma en escenarios de delirio, en los que únicamente domina la ley de la muerte y la locura. Strauch es el primer artista (de los muchos que aparecen en la obra del autor) que vive alejado del mundo para sacar el máximo partido de su creatividad.
Sin embargo, está utopía de la soledad será constantemente negada. El intelectual, el artista, es un ser absolutamente ridículo, con una retórica repetitiva, hiperbólica y patética. Konrad, en La Calera(1970), lo ha abandonado todo para poder escribir un estudio sobre el oído; cuando ya está a punto para empezar a redactar, mata a su mujer y enloquece. Destinos comparables padecen los protagonistas de Corrección (1975) y Hormigón(1982). Paradójicamente, el valor de la producción artística y, en general del arte, es puesto en duda por un gran artista que, después de fantasear con su propia vida en los libros autobiográficos El origen(1975), El sótano (1976), El aliento (1978), El frío(1981) y Un niño (1982), queda libre para la ironía más feroz.
Uno de los componentes más destacables de la obra bernhardiana, especialmente de la dramática desdeUna fiesta para Boris (1970), es su musicalidad. Se trata de piezas casi escritas como para representar con marionetas que actúan como repetitivos altavoces de distintas posiciones. Más que dramas son libretos escritos para actores admirados por el escritor, como Minetti. Entre sus títulos más importantes se hallan La fuerza de la costumbre(1974), La partida de caza (1974), Ante la jubilación(1979), Almuerzo en casa de Ludwig W (1984) y la última, Plaza de héroes (1988) en la que arremete de nuevo contra la Austria católica y nacionalsocialista.
Toda su obra, cargada de ironía y acidez, se caracteriza por su manifiesto pesimismo sobre el género humano y la sociedad contemporánea, y su obsesión por la muerte y la autodestrucción. Con su país, Austria, mantuvo durante toda su vida una especial relación de amor-odio que se extendió más allá de su muerte.
Thomas Bernhard murió el 12 de febrero de 1989, hacia las siete de la mañana, en su piso de Gmunden (Lerchenfeldgasse 11). Incorporado a medias (hacía tiempo que se asfixiaba cuando estaba echado) y con un vaso de mosto (de sus propias viñas) en la mano. Hasta el último momento lo acompañó su hermano y médico de cabecera, Peter Fabjan, con quien estuvo hablando casi toda la noche.
Siguiendo sus deseos, fue enterrado en el cementerio de Grinzing (Viena), el día 16, en la mayor intimidad (sus hermanos y Emil Fabjan), y sólo entonces se dio a conocer la noticia de su muerte, que tuvo una gran repercusión en la prensa de muchos países. Dejó expresa su última y sorprendente voluntad: prohibió durante la vigencia de sus derechos de autor (setenta años) toda representación, publicación o impresión de su obra en Austria. Sus restos reposan en una tumba sin nombre por deseo expreso.
Obras
 Hambre grande, inconcebible (relato) (1954)
El porquero (relato) (1956)
Así en la Tierra como en el Infierno (poesía) (1957)
La montaña (teatro) (1957)
Köpfe (libreto de ópera de cámara con música de Gerhard Lampersberg) (1957)
Die Rosen der Einöde (libreto para cinco piezas, música de Lampersberg) (1957)
In hora mortis (poesía) (1958)
Bajo el hierro de la luna (poesía) (1958)
Acontecimientos (microrrelatos) (1959)
En las alturas (capítulo de novela inacabada) (1959)
Ave Virgilio (poesía) (1959-60)
Los locos.Los reclusos (poesía) (1962)
Amras (novela corta) (1963) Alianza Editorial (1987) Helada (novela) (1963)
El italiano.Fragmento (guion para un film de Ferry Radax) (1963)
El crimen del hijo de un comerciante de Innsbruck (relato) (1965)
Un joven escritor (relato) (1965)
Víctor Seminecio (relato) (1966)
Trastorno (novela) (1966)
La gorra (relato) (1967)
En la linde de los árboles (relato) (1967)
Ungenach (novela corta) (1968)
La calera (novela) (1970)
Una fiesta para Boris (teatro) (1970)
Andar (relato) (1971)
Midland en Stilfs (relato) (1971)
El ignorante y el demente (teatro) (1972)
La fuerza de la costumbre (teatro) (1973)
La partida de caza (teatro) (1973)
Corrección (novela) (1974)
El presidente (teatro) (1975)
El origen (autobiografía I) (1975)
Los famosos (teatro) (1975)
El sótano (autobiografía II) (1976)
Minetti (teatro) (1976)
Immanuel Kant (teatro) (1978)
El aliento (autobiografía III) (1978)
Sí (novela) (1978)
Un muerto, El mes de María (teatro) (1978-81)
Ante la jubilación (teatro) (1979)
El reformador del mundo (teatro) (1979)
Los comebarato (novela) (1980)
La paz reina en las cumbres (teatro) (1981)
En la meta (teatro) (1981)
El frío (autobiografía IV) (1981)
Goethe se muere (relato) (1982)
Un niño (autobiografía V) (1982)
Hormigón (novela) (1982)
El sobrino de Wittgenstein (1982)
El malogrado (novela) (1983)
Las apariencias engañan (teatro) (1983)
El hombre de teatro (teatro) (1984)
Tala (novela) (1984)
Ritter, Dene, Voss (teatro) (1984)
Maestros antiguos (novela) (1985)
Simplemente complicado (teatro) (1986)
Extinción (novela) (1986)
3 dramolette: Claus Peymann deja Bochum y se va a Viena… (teatro) (1986-87)
Elisabeth II (teatro) (1987)
La plaza de los héroes (teatro) (1988)

jueves, 1 de diciembre de 2016

El amor brujo de Roberto Arlt


En 1932 Arlt publica su última novela: “El amor brujo”, un alegato contra el matrimonio burgués, su falsa moral y sus intereses materiales. Narra el romance entre el ingeniero Estanislao Balder (de 30 años) e Irene Loayza, una joven de familia de clase media con 19 años, residente en Tigre.
Balder, casado y con un hijo de seis años, se enamora perdidamente de Irene, y establece un noviazgo con la adolescente. Hay otra historia secundaria, la de Zulema, amiga de Irene y mayor que ella, cuyo matrimonio con el mecánico Alberto no es feliz. Balder se separa finalmente de Irene, y luego de una serie de desilusiones se reconcilia con su esposa. Balder es hipócrita y mezquino, haragán y triste, físicamente deja mucho que desear: Era un hombre de aspecto derrotado, cargado de espaldas, que llevaba con abandono su traje gris. Nada que pueda hechizar una adolescente sonriente y pura. En síntesis, Balder era uno de los tantos tipos que denominamos hombre casado. Tanto es así que algo de brujo e hipnótico llevará el maltrecho ingeniero a tomar en consideración la separación de su mujer dejando que la madre de Irene lo manipule (interesada en asegurar un futuro a su hija, explotando el instinto sexual del hombre).
Además, una historia paralela, en la que Balder ve una suerte de réplica de sus propias relaciones con Irene, se desarrolla al mismo tiempo: es la de Zulema, amiga de Irene, cuyo matrimonio con el mecánico Alberto no marcha bien. La historia termina cuando Irene se entrega a Balder y éste comprueba que no era virgen, tal como le había jurado. Ante el engaño, resuelve romper sus relaciones con la muchacha. Simultáneamente, Alberto se presenta para contarle que Zulema le es infiel.
Hay que añadir que "El amor brujo", también con sus aspectos alucinados y con sus flujos de conciencia, nos reserva momentos en que el grotesco y la ironía se acompañan de manera eficaz a los tormentos del ingeniero Balder y a las contradicciones de Argentina: «¿En qué país estamos? Este obrero, que tiene la obligación moral de ser revolucionario, me viene a conversar a mí, que soy un ingeniero, de la necesidad de respetar los convencionalismos sociales. Qué lástima no estar en Rusia. Yo lo habría fusilado».


Juan Moreira de Eduardo Gutiérrez

Juan Moreira narra la historia de un campesino criollo habitante del partido de Las Matanzas (actual La Matanza, cordón industrial de Buenos Aires). La persecución de la que es objeto por parte de los hombres que representan la Justicia, su iniciación en el camino del crimen y la correlativa pérdida del sentimiento de integración social. Ambos enfatizan la entereza del héroe, su coraje, su dignidad y su amor por la libertad. Destacan el gusto por el trabajo, la afición al canto, el apego a la vida familiar y el culto a la amistad.
La vida de Juan Moreira estuvo llena de injusticias y se la ha considerado como representativa de las sufridas por el gaucho argentino, injusticias que lo llevarían a la muerte en abril de 1874 en Lobos. Durante cerca de treinta años Moreira llevó una vida tranquila, dedicando su tiempo al trabajo rural hasta conseguir su propio rancho, unas cuantas cabezas de ganado vacuno y algunas hectáreas de campo que destinó a la siembra.
Era una hombre alto y fornido que tomaba poco alcohol y no frecuentaba las pulperías; tenía buenos modales y era habilidoso con la guitarra, motivo por el cual era bien visto por "la Vicenta", de quien se enamoró y con quien se casó, contando con el pleno consentimiento del padre de Vicenta, un hombre muy respetado.
El casamiento con Vicenta sería el inicio de todos sus problemas ya que el Teniente Alcalde de la zona –conocido como Don Francisco- también estaba enamorado de ella y empezó a perseguirlo acusándole de hechos injustificables. La primera multa que recibió de Don Francisco fue por la fiesta de la noche de bodas sin la autorización del Teniente Alcalde, por lo que tuvo que pagar 500 pesos.
En aquel momento Moreira le había prestado a Sardetti, el almacenero del pueblo, unos 10.000 pesos que éste usaría para la compra de frutos del país; Sardetti no devolvía lo prestado por lo que Moreira –sin documentación que lo avalara- presentó la denuncia ante el Teniente Alcalde. No se sabe con certeza si Sardetti y Don Francisco se habían puesto en acuerdo, pero Sardetti negó la deuda y Moreira fue castigado con 48 horas de "cepo" (detención) acusado de reclamar lo que no era suyo.
Moreira, indignado por la situación, le juró a Sardetti una puñalada por cada mil pesos que le debía. Cumplió su promesa en un duelo a cuchillo en el propio almacén de Sardetti y a su regreso tuvo que pelear en su rancho contra Don Francisco y cuatro soldados que estaban allí para aprehenderlo. En el enfrentamiento Don Francisco y dos soldados resultaron muertos.
Fue a partir de este momento cuando empezó a ganar fama en la región. De este modo tuvo más peleas, las que siguió ganando, y muchas de las cuales eran desafíos de otros gauchos que querían probar su propia destreza. Con el tiempo empezó a trabajar como guardaespaldas de políticos a cambio de "limpiar su nombre", promesa que nunca fue cumplida.
Moreira tenía sólo un caballo bayo, un pequeño perro llamado "Cacique", un poncho, una facón y dos trabucos. Siempre dormía a cielo abierto con su perro "Cacique" que le servía de guardián y jamás desensillaba por si tenía que escapar. Recorrió las ciudades de Navarro, Las Heras, Lobos, 25 de Mayo y pasó algún tiempo en las tolderías del Cacique Coliqueo.
En abril de 1874 el juez de paz de Lobos, Casimiro Villamayor, por orden de Mariano Acosta, gobernador de la provincia de Buenos Aires, envía a 25 hombres que, al mando del comandante Bosch perteneciente a la policía de Buenos Aires, lo rodean en la almacén y pulpería "La Estrella", ubicada en lo que hoy es el Sanatorio Lobos en la intersección de las calles Chacabuco y Cardoner.
Juan Moreira decide ir a "La Estrella" con su amigo el gaucho Julián Andrade, aun sabiendo que estaba vigilado. En cuanto llegó, dos partidas policiales se prepararon para atraparlo: la de Lobos, dirigida por Pablo Berton, de la que formaba parte el famoso Sargento Chirino, y la enviada por el gobernador, al mando de Eulogio Varela y el comandante Bosch. Moreira dejó su caballo en el fondo detrás de una pared, listo en caso de necesitar escapar.
A las dos de la tarde llegó la partida y atrapó a Andrade. Moreira se vio entonces rodeado en la habitación, donde comenzó la lucha. Luego de enfrentarse con varios soldados y frente a frente con Varela, a quien hirió en una pierna, Moreira escapa de la habitación y salta al patio. Allí hirió a Berton en la mano y volvió a enfrentarse en duelo de sable y daga con Varela, a pesar de su herida. Embistiendo a los policías con su daga, tomó el patio y quedó a la vista de la pared del fondo, del otro lado del aljibe, sin saber que allí estaba escondido el Sargento Chirino. Y cuando ya había trepado casi la pared del fondo para escapar en su caballo, Chirino lo atravesó con su bayoneta, clavándolo a la pared.
“¡Ah!, ¡cobarde!, cobarde -murmuró, dejando caer la daga de entre los dientes-, a hombres como yo no se les hiere por la espalda, ¡no podés negar que sos justicia!” Clavado como estaba, Moreira alcanzó sin embargo a disparar a Chirino, hiriéndolo en un ojo. Liberado de la bayoneta, el gaucho malherido volvió a embestir a los policías, cayendo finalmente y muriendo con una sonrisa.
Moreira dejó un hijo, de igual nombre. Sus restos mortales se encuentran en el cementerio de Lobos.

Los Pichiciegos de Rodolfo Fogwill

Los Pichiciegos es una novela ambientada en la guerra de las Malvinas, la narración principal transcurre a finales de mayo y principios de junio de 1982 y finaliza cuando los británicos ya han desembarcado en las islas y los soldados argentinos son hechos prisioneros y trasladados a Argentina.
Cuenta la historia de un grupo de soldados que desertan y se ocultan en un refugio subterráneo. Para el ejército oficialmente no existen, han sido dados muertos por la tropa. Su único objetivo es sobrevivir, confiando que la guerra acabe y puedan volver a casa.
Estos soldados, entonces, deciden dejar de combatir con el propósito de volver a sus casas. Es decir, su objetivo ya no era ganar la guerra, sino que se volcaron a sobrevivir, cualquiera sea la manera, para ‘volver al continente’ y reencontrarse con sus familias.
Para poder lograr este nuevo objetivo (después de todo ¿qué soldado nunca tiene como objetivo volver a su casa?) este grupo de chicos decidió cavar una trinchera secreta y estratégicamente ubicada, en la que pasarán sus días hasta que termine la guerra. Decidieron autodenominarse “pichiciegos” y, en efecto, el lugar fue denominado “la pichicera”.
El nombre de pichiciegos se lo dan a sí mismos por semejanza con un animal que vive ocultándose en cuevas que él mismo hace, un día que uno de ellos, un santiagueño, cuenta: “El Pichi es un bicho que vive abajo de la tierra. Hace cuevas. Tiene cáscara dura -un caparazón- y no ve. Anda de noche. Vos lo agarrás, lo das vuelta, y nunca sabe enderezarse, se queda pataleando panza arriba”.
En la "pichicera" tienen casi todo para sobrevivir: calor, provisiones, refugio; pero también puede ser esta el lugar justo para encontrar la muerte por desertores o por mera casualidad.
La ocupación de los pichiciegos es intercambiar mercaderías e información con los ingleses. Pasan la mayor parte del tiempo en el refugio y la vida que llevan se limita a tareas para mantenerse vivos, luchando contra el frío, las enfermedades, soportando el miedo de las bombas que hacen trepidar el refugio, evitando ser descubiertos, y tratando de conseguir comida, raciones, cigarrillos, combustible, pilas para linterna, polvo químico para eliminar el olor...
La pichicera tenía una organización que consistía en que “Los Reyes Magos” eran los que mandaban, y los demás pichis obedecían. También consistía de un almacenero que controlaba las provisiones y de patrullas que se encargaban de conseguir estas últimas.
Las patrullas salen por la noche, de noche hay menos viento, a conseguir recursos de ocasión, despojos de vehículos abandonados, de soldados muertos congelados o de restos de naufragios que llegan a las playas. También hacen intercambios o reciben ayuda de otros soldados argentinos, y de los británicos, de los que obtienen víveres, pilas de linterna, coque o querosén, a cambio de información o ayuda en las tareas de guerra.
Los pichis carecen absolutamente de futuro, caminan hacia la muerte, y en consecuencia, sólo pueden razonar en términos de estrategias de supervivencia. En muchos de los pasajes de la novela podemos ver que los pichiciegos admiraban a los soldados ingleses, y tenían como espectáculo las maniobras de sus aviones en el aire.
La manera en que los pichis relatan con admiración y encandilamiento muchas de las características de los ingleses nos hace ver otra cruda realidad: la diferencia entre los argentinos y los británicos era inmensa. Era inmensa en el sentido de preparación militar, de provisión de armas y equipamientos, de comida y de abrigo.
La miseria humana y la desesperación que podemos ver en la novela hace que estos actos, que algunos podrían tildar deshonrosos, cobardes o mercenarios, puedan ser entendidos por el lector; ya que ante situaciones de tales características la persona humana tiende a comportarse de la manera más instintiva que puede, para lograr sobrevivir.
Estos jóvenes e improvisados soldados que no fueron lo suficientemente preparados ni bien tratados por parte de sus militares de alto rango, ante las situaciones terroríficas que sufrieron decidieron luchar con el único objetivo de volver a casa.
La historia nos deja con la incertidumbre de poder saber si fue algo real o algo ficticio. Al final queda solo un pichi con vida, el cual relata casi toda la historia a un supuesto entrevistador. De manera que el narrador cuenta aquello que, a su vez, le contó el único sobreviviente del grupo.

Sobre héroes y tumbas de Ernesto Sábato

La novela muestra a los últimos representantes de una familia oligárquica venida a menos, en la que se intercala la trágica historia de los seguidores del general Lavalle que una vez derrotados llevaron el cuerpo muerto de su jefe al exilio.
Un sábado de mayo de 1953, Martin, de 17 años, está sumergido en sus cavilaciones en el Parque Lezama, sentado en un banco, al lado de la estatua de Ceres y conoce a Alejandra Vidal, que pertencía a una familia argentina emparentada con la rancia aristocracia criolla: los Vidal Olmos. Sobre Héroes y Tumbas narra con amplitud las biografías de los miembros de esta familia por más de 150 años hasta concluir en Alejandra y su padre, Fernando Vidal Olmos.
Martin que tiene una vida familiar tormentosa, una madre que no lo ama y un odio hacia su padre por ser un pintor fracasado y no querer salir de su angustiosa situación, se enamora de Alejandra que tiene 18 años y es una mujer hermosa, frívola, cruel y hasta en ocasiones despiadada con algunos de sus comentarios sobre el mundo y sobre ella misma.
Empiezan a verse siempre en el mismo parque y un día le dijo Alejandra a Martín que se verían al día siguiente, pero ella no volvió. Martín empezó a ir todos los días al parque por si ella aparecía y podía verla de nuevo, pero pasaron casi 2 meses, hasta que el decidió no esperarla más y marcharse, entonces fue cuando sintió un fuerte apretón, era ella.
Alejandra lo invitó a su casa donde le mostró que vivía con su tío, un loco al que mantenían encerrado, solo tocaba clarinete y que nunca soltaba, y vio a su sirvienta que tenía un rostro muy serio. Alejandra lo invitó al mirador de la casa, prendió un cigarro y empezó a contarle la historia de su infancia, que fue muy tomentosa. Ella detestaba a su padre, puesto que su madre había muerto de una enfermedad y ocho días después de su muerte ella lo encontró con otra mujer en su casa. Es así como Martin conoce la tortuosa relación de Fernando y Alejandra, así como el odio que ella siente por su padre, quien la violaba desde niña, y por su madre, que lo permitió.
El rencor de Alejandra hacia su padre no tenía limite, así que decidió escaparse de la casa por lo cual fue internada en un colegio de monjas donde intentó suicidarse, así que la llevaron a la finca de unos amigos de la familia donde conoció a Marcos con quien hablaba sobre como seria la vida de ellos si se casaran, pero ella tenía la decisión de nunca tener hijos. Tuvieron una discusión muy grande con Marcos por este tema y no volvieron a verse, pues todo terminó en problemas y hasta golpes.
De repente cuando ella le contó su historia cayó al piso y empezó a convulsionar. Martín no sabía qué hacer, gritó por ayuda pero nadie atendió, así que solo la acostó en su cama y ella reaccionó diciéndole que se acostumbrara a ello porque esos ataques eran frecuente en ella, así hablaron hasta las 3 de la mañana donde ella le contó la historia de su familia y luego Martín se fue a su casa, pero antes de irse quedaron en verse el lunes siguiente.
Martín estaba encantado y a la misma vez asustado con esa mujer, pero pasó el lunes, el martes, el viernes, una semana, y hasta un mes de no saber nada de ella. Por fin ella apareció, como siempre, de sorpresa, y Martín le contó que tenía un trabajo en una imprenta pero que lo perdió así que le preguntó a Alejandra que si podía conseguirle una cita con Mollinari un empresario archimillonario que ella conocía para pedirle empleo.
Fue a la entrevista con Mollinari pero este solo lo despreció y lo humilló. Después de eso Belonave, un periodista, se inquieta por el amor entre este joven tan puro y compasivo y la cruel y depresiva Alejandra a la que conocía bien.
Alejandra decidió trabajar y encontró trabajo en una boutique. Mientras ella permanecía invisible, Martín se refugia en un trabajo que consigue en un taller y en la compañía de Bruno, un amigo escritor de unos 30 años. Pero después de varias semanas de no haberse visto se encontraron en un parque donde Alejandra le contó a Martín que Juan Carlos, un vecino de ella, le había mandado una carta por lo cual Martín se molestó y discutieron. Alejandra terminó diciéndole a Martín que lo mejor era que no se volvieran a ver.
Pasaron varios días después de esto y Martín recordó que antes de que tuviera ese ataque en el mirador ella había nombrado a un Fernando pero no dijo quién era, solo lo nombró. Fue a buscarla a la boutique para que le explicara quien era ese hombre que él pensaba que era su amante, a lo cual ella le aclaró que era su padre.
En la noche del 24 de junio de 1955 Martín no podía dormirse, eran las tres de la mañana cuando a lo lejos vio una llamarada de fuego. No tenía duda de lo que había sucedido, corrió rápidamente hacia la casa y se desmayó al ver lo sucedido: Alejandra había matado a su padre, le había dado cuatro tiros y regó nafta por todo el mirador y simplemente se encerró quemándose viva con el cadáver de su padre. Su tío loco y la sirvienta se habían salvado de milagro, pero su abuelo que estaba en una silla de ruedas y que tenía 95 años murió.
Martín quedó destrozado, hasta pensó en quitarse la vida, pero ya no quería regar más sangre, así que simplemente decidió volver a comenzar su vida en un nuevo lugar por lo que en el taller conoció a un camionero que le propuso llevarlo con él a la Patagonia y aceptó. Martin se va para poder olvidar todo lo pasado y tener una segunda oportunidad en un lugar donde nadie lo conociera y donde nadie pudiese juzgarlo por lo sucedido.
Informe sobre ciegos
"¿Cuándo empezó esto que ahora va a terminar con mi asesinato?". Con esta inquietante pregunta comienza el "Informe sobre ciegos". Quien narra es Fernando Vidal Olmos, padre de Alejandra Vidal. El informe relata un extraño complot demoníaco y milenario, regido por la Secta Sagrada de los Ciegos, desde la cual, según él, se tejen los hilos que gobiernan el sentido del mundo y de los hombres.

Las extraordinarias aventuras de Julio Jurenito y sus discípulos de Ilya Ehrenburg

Novela de humor extremo y rayando el absurdo, que lo satiriza todo: el viejo continente europeo, tan alienado o esquizofrénico que se precipitó, casi sin darse cuenta, en la carnicería de la Primera Guerra Mundial; la utopía de la Revolución bolchevique; la religión y casi todas la convenciones y hábitos sociales.
Considerado el corresponsal de guerra más popular de toda la prensa soviética, Ehrenburg fue un escritor y periodista soviético, de ascendencia judía, que cubrió la mayoría de las guerras. Tras su participación en las revueltas estudiantiles en la Universidad de Moscú de 1905, emigró a París donde inició su carrera como escritor bajo la influencia de Verlaine. En la capital francesa trabó así mismo amistad con Picasso, Apollinaire y Fernand Léger. Corresponsal en los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial, en 1917 retornó a su país.
Aunque simpatizaba con la revolución bolchevique, no se sentía a gusto en la Unión Soviética, y en 1921 volvió a autoexiliarse. Ese mismo año escribió Julio Jurenito. Corresponsal más tarde en la Guerra Civil española, escribió varias obras que lo reconciliarían con el régimen soviético. A partir de 1950 se convirtió en una destacada personalidad, sobre todo cultural, de la URSS.
Julio Jurenito es un personaje que amalgama en su figura la sabiduría, la ironía y un acusado sentido de lo pintoresco. Personaje sin principios, a pesar de que los defiende apasionadamente, se rodea de una “selecta” tropa de discípulos. Es un maestro, guía, amigo, socio, camarada, mesías, en torno al que, entre otros, se congregan un vagabundo italiano, el propio Ehrenburg, un capitalista cristiano y, sobre todo, el gran Spiridonovich, tolstoiano, histérico e histriónico, a quien alma, culpa y redención no se le caen de la boca.
Las aventuras de esta pandilla a través de una Europa de guerras, revoluciones y entreguerras expresa la admiración y el rechazo hacia la cultura occidental; la reserva y el entusiasmo hacia las revoluciones; y el amor y el odio hacia la naturaleza humana.
Julio Jurenito, mexicano de personalidad desbordante y discurso torrencial, es una suerte de profeta de la destrucción del orden establecido mediante la provocación que recorre, con sus discípulos, la Europa de 1910 a 1920. La ácida mirada de Jurenito resulta demoledora y sus opiniones, sus discursos, no por exagerados, tendenciosos o abiertamente absurdos en ocasiones, mueven menos a la reflexión.

Cosmópolis de Don DeLillo

Eric Packer es un multimillonario de 28 años que realiza una odisea a través de Manhattan para cortarse el pelo. Hizo su fortuna en el mercado de valores. Como en el Ulysses, la acción en Cosmópolis ocurre en un solo día, en este caso “un día de abril del año 2000". Se trata de un día conflictivo, pues el Presidente de la nación visita la ciudad y Manhattan estará especialmente colapsado.
El viaje de Packer se ve dificultado por numerosos atascos de tráfico causados por la visita presidencial y además por una violenta protesta anticapitalista y un funeral masivo por la muerte de una estrella del rap. Su vehículo es una lujosa y espaciosa limusina, equipada con pantallas de televisor y monitores de computadora, a prueba de balas y con pisos de mármol de Carrara.
En este día de abril del 2000, Packer está a punto de entrar en bancarrota, ya que invirtió todo su dinero -y el de los accionistas que confían en él- en una “apuesta” contra el yen japonés que sube sin parar. El protagonista pierde cantidades increíbles de dinero por apostar contra la subida del yen.
A lo largo del camino el protagonista se encuentra casualmente con su esposa en repetidas oportunidades, recibe visitas laborales y tiene encuentros sexuales con otras mujeres. Asimismo, Packer es acechado por dos hombres, "asesino pastelero" y una inestable "amenaza creíble".
Durante el recorrido entrará en contacto con distintas personas. Algunas entrarán en la limusina, como su asesora financiera, a quien encuentra corriendo por el parque al ser su día libre y con quien mantiene “singulares” relaciones sexuales mientras un médico le realiza una exploración prostática.
En otros casos es él quien abandona el vehículo, ya sea para comer con su esposa -poeta y, como él millonaria-, con quien lleva casado veintiún días , aunque todavía no han consumado el matrimonio, o para hacer el amor con antiguas amantes, por supuesto de forma más próxima al sadomasoquismo que al romanticismo. Y desde su insonorizada y blindada limusina observa el mundo: la gente por la calle, los turistas como borregos, los manifestantes protestando, alguien que se suicida quemándose a “lo bonzo”.
El interrogante respecto a Packer que DeLillo plantea en el primer párrafo de la novela, “¿Qué le quedaba en firme?”, se va progresivamente sustanciando en una devastadora respuesta nihilista. Packer ha alcanzado el poder, la riqueza, todo lo que esta sociedad parece señalar como la meta para los verdaderos triunfadores y sin embargo no le queda nada.
Y, efectivamente, Packer, encerrado en un narcisismo de tintes claramente nietzschianos, refleja al individuo preocupado exclusivamente por él mismo, ajeno a cualquier tipo de valor trascendente y viviendo el momento preciso y concreto.
Hace años, por ejemplo, que ni tan siquiera ha cruzado una mirada con quienes trabajan para él ni tan siquiera se había percatado del color de ojos de su mujer. Se trata de un mundo deshumanizado, “posmoderno”, en el más amplio sentido de la palabra.
Packer representa el triunfo de la voluntad personal; no en el sentido de sacrificio o tenacidad, sino en el de poder. El poder absoluto sobre los demás para imponer su propia voluntad. Ese concepto queda recalcado al analizar el motor argumental: un “caprichoso” viaje para cortarse el pelo -como su médico también el peluquero hubiera podido trasladarse a su domicilio o la limusina- en un día especialmente conflictivo por la visita del Presidente, y cuando está a punto de arruinarse él y los inversores que le confiaron su dinero. Packer decide cortarse el pelo y eso es lo único importante; aunque ponga en peligro su propia vida, nada en el mundo se lo impedirá.
El recorrido hacia la peluquería en el vehículo toma la forma de una especie de epopeya en la que cada uno de los obstáculos, cada uno de los encuentros aparentemente casuales reviste algún tipo de simbolismo. El final es obviamente trágico. Si bien Eric Packer es sinónimo de éxito y dinero, también lo es de la insatisfacción, la soledad, el deseo de posesión o la pérdida de identidad que implica tener ambos.
Packer tiene una enorme limousina con paneles de corcho para ahogar el estruendo de Nueva York, tiene un tiburón nadando en un gigantesco acuario en una de las paredes de su tríplex, tiene un bombardero nuclear ruso en un aeropuerto del desierto de Arizona a la espera de los repuestos inconseguibles que lo hagan volar, tiene una mujer poetisa y millonaria con la que no se acuesta, tiene varias amantes con las que sí se acuesta, tiene un par de guardaespaldas que lo adoran (y que le informan acerca de los avances en la investigación de una amenaza contra su vida) y tiene un último día de vida para reflexionar sobre los cómos y los porqués de su existencia privilegiada antes de ser asesinado por uno de sus ex empleados en busca de esa legitimación marca CNN que sólo se consigue con la violencia.