domingo, 11 de febrero de 2018

Noches blancas de Fedor Dostoievski

La historia nos la cuenta un narrador que es el protagonista del relato; una persona taciturna que a pesar de vivir en una gran ciudad como San Petesburgo no habla con nadie; su distracción consiste en pasear por los mismos sitios a diario, fijarse en las personas y en los edificios y contentarse con los que de ellas puede percibir. Y así pasan los años (ocho) hasta que por casualidad una noche conoce a Nástenka de la que se enamorará locamente. A lo largo de cuatro noches se ven y se cuentan sus historias personales; el narrador es un soñador porque es lo único que tiene en la vida (sus sueños); Nástenka le cuenta que está enamorada de un inquilino que vivía en casa de su abuela pero que cree no ser correspondida.
  Y llega la cuarta noche cuando el inquilino no aparece en la cita y todo parece solucionarse; el narrador y Nástenka se prometen amor eterno. Sus vidas tristes hasta el momento que parecían noches oscuras, de repente, se convierten en noches blancas donde la luz vence a la oscuridad por unas horas. Y ciertamente la victoria de ese amor es solo momentáneo porque sucederá algo que podría hacer cambiar esa historia.

  Las noches blancas son unas noches en las que la oscuridad no llega a hacerse plena en los últimos días del mes de junio siendo famosas las que se producen en San Petesburgo.


Memorias del subsuelo de Fedor Dostoievski

El protagonista es un hombre -funcionario- que continuamente siente ofensas imaginarias (puesto que nunca se han producido) y por tanto vive amargado pensando en la forma de vengarse de éstas y claro como el tío vive solo pues no le queda otra que hablar consigo mismo de ahí los numerosos monólogos interiores que encontramos a lo largo de la obra.
  Se presenta en forma de memorias y en ellas nos describe algunos de los hechos que hicieron sufrir al protagonista. Por ejemplo nos presenta la autoinvitación a una comida que él mismo se hace con unos compañeros con los que apenas mantiene relación y que convierte en una auténtica pesadilla tanto para él como para sus compañeros por culpa de esos pensamientos tan negativos que tiene.
  En otro momento nos lo encontramos caminando por una acera encontrándose un día si y otro también con un hombre al que finalmente siempre cede el paso a pesar de que una vez que llega a su casa se fustiga pensando en que al día siguiente no cederá y por tanto conseguirá que el otro se aparte o acabarán chocando, pero lo que tiene claro es que eso de ceder se va a acabar (como lo de frotar con wipp express).
  Pero quizá el momento más duro es aquel en el que el protagonista humilla a una prostituta con la que pasa una noche. Ésta se llama Liza y nuestro protagonista le hace ver el poco amor que debía sentir sus familiares hacia ella porque la dejaron caer en esa triste situación. Claro la pobre se deprime pero nuestro protagonista -que es todo un maltratador psicológico- no contento con verla llorar la sigue "golpeando" con reflexiones sobre el negro futuro que tendrá si continúa con esa vida. Ella llora porque es convencida por la verborrea del protagonista e incluso se plantea dejar el oficio más antiguo del mundo. Es más parece que surge algo entre ambos y deciden verse en casa de él. Pero allí lo único que ocurre es la humillación definitiva de Liza que se acerca a su casa para comunicarle la decisión de abandonar la prostitución con un punto de sumisión que hace pensar al lector que los dos protagonistas se salvarán mutuamente, pero ¡oh sorpresa!  él la rechaza y ella huye totalmente destrozada.

  ¿De qué le sirvió a Liza el que se le abrieran los ojos respecto a su futuro si al final no le deja otra opción que seguir dedicándose a la prostitución? Antes de conocerlo ella vivía una vida triste pero llevadera quizá porque no era consciente de lo que le esperaba con el pasar de los años, pero una vez que el protagonista le describe la realidad que le va a tocar vivir la desesperanza absoluta se instala en el corazón de ella por lo que está claro que su vida a partir de estos momentos será incluso peor que antes. En este caso el conocimiento es perjudicial para su salud.


El doble de Fedor Dostoievski




 El protagonista, Goliadkin, es presentado desde un primer momento como una persona enferma, casi excluida socialmente (sus compañeros se ríen de él constantemente), insegura y acomplejada. Su inseguridad es tal que para tomar cualquier tipo de decisión puede tardar horas y cuando finalmente la toma se arrepiente en menos de diez segundos. Una persona que reúne estos rasgos  atrae inmediatamente la atención del lector que empatiza con él e inmediatamente se pone de su parte.
  La soledad en la que vive unido a esa enfermedad que parece tener, llevan a Goliadkin a buscarse un amigo (invisible): su doble. Lo que podría parecer una forma de autoayuda acaba convirtiéndose en una terrible amenaza para nuestro protagonista quien ve en ese otro "yo" a una persona que quiere arrebatarle lo poco que tiene, incluido el trabajo. Y es que ese "suplantador" engatusa rápidamente a los superiores de Goliadkin haciéndolo caer en desgracia.

Historia de dos ciudades de Charles Dickens


Estamos en 1775. Se avecinan problemas en la campiña francesa. Por lo visto, a los campesinos no les gusta morir de hambre ni pagar impuestos hasta quedarse sin nada.

 Al inicio de la novela, un caballero británico, ataviado cual hombre de negocios, se adentra en el corazón de París. Se encuentra en una misión de lo más inquietante, tanto como para hacer llorar a cualquier empresario. Verás: hace dieciocho años, un médico francés fue encarcelado sin previo aviso (ni juicio previo). Estuvo encerrado en la peor de las prisiones, la Bastilla. Después de casi dos décadas, quedó en libertad, de nuevo sin ningún tipo explicación, y ahora vive en lo de uno de sus antiguos sirvientes, Ernst Defarge. El señor Lorry (nuestro empresario británico) pretende llevarse al médico francés de vuelta a Inglaterra, donde podrá vivir en paz con su hija.

 El doctor Manette será libre, pero sigue deshecho. Pasa la mayor parte del tiempo arreglando zapatos y paseando de un lado para otro en su oscuro cuarto. El doctor, que está tan acostumbrado al reducido espacio de la prisión que no entiende que ahora puede salir donde quiera, parece condenado a una vida digna de lástima.

 Afortunadamente para él (y pensándolo bien, para el señor Lorry), tiene la hija más perfecta del mundo. Lucie, la niña a la que se vio obligado a abandonar hace dieciocho años, es ahora una encantadora, sonriente, hermosa y perfecta estrella del firmamento. Todo lo que toca parece convertirse en oro. Vomita si quieres, pero Lucie no dejará de ser perfecta. De hecho, necesitará hasta la última gota de esa perfección para devolverle la salud a su padre.

 Como era de esperar, logra traer al doctor Manette de vuelta a la realidad. Lo cierto es que nunca llegamos a dudar de ella. Al cabo de cinco años (es decir, en 1780, para los que estén contando), el doctor Manette ya es un hombre nuevo. Vuelve a dedicarse a la medicina, y él y Lucie viven en una pequeña casa en Soho. No tienen mucho dinero (al doctor Manette le confiscaron todo el efectivo en Francia), pero Lucie se encarga de aportar brillo y alegría a sus vidas. En otras palabras, son bastante felices. Por si eso fuera poco, también adoptan al señor Lorry, que se convierte en una especie de tío de facto.

 Retomando la historia donde la dejamos en 1780, el doctor Manette y Lucie son llamados a declarar como testigos en un caso de traición. Por lo visto, un joven llamado Charles Darnay está acusado de proporcionar información clasificada al gobierno francés. Los juicios ingleses de la época se asemejan a engañosos trucos de magia (a Dickens le encanta burlarse de los "honorables" miembros de la corte). Gracias al clemente testimonio de Lucie y a la rápida actuación de un hombre que tiene un extraño parecido a Charles Darnay, éste es declarado inocente.

 Ya un hombre libre, Charles Darnay se da cuenta de lo perfecta que es nuestra querida Lucie. Acaba abriendo una tienda en la casa de los Manette, por lo que va de visita casi todos los días. El doble de Charles, un hombre de dudosa reputación (aunque, seamos sinceros, muy agradable) llamado Sydney Carton, también se siente atraído por Lucie. Si Charles es resplandeciente, bueno y perfecto, Sydney es… todo lo contrario. También le gusta menospreciarse a sí mismo. De hecho, creemos que le vendría bien uno de esos tratamientos para levantarte la autoestima en doce pasos.

 Sydney ama a Lucie con todo su corazón, pero está convencido de que no la merece. ¿Y qué se le ocurre? Decirle precisamente por qué ella nunca podrá llegar a quererlo. ¡Sorpresa!: ella opina lo mismo. Quiere ayudarlo a ser mejor persona, pero él prefiere regodearse en su desgracia. Después de todo, regodearse parece divertidísimo, ¿no crees? Hecho un trapo. Así está Sydney, en pocas palabras.

 A Charles, por otra parte, le va un poco mejor. Se casa con Lucie. El día de su boda, le revela un secreto al doctor Manette: en realidad es un noble francés, y no cualquier noble, sino el mismísimo marqués de Evrémonde. Como en las novelas de Dickens todo tiene que estar perfectamente interrelacionado, no resulta sorprendente que los Evrémonde sean los malvados hermanos que encerraron al buen Manette. Desde luego que el doctor se lleva un buen susto al principio, pero con el tiempo se da cuenta de que Charles es totalmente distinto a su padre y a su tío (los malvados Evrémonde), por lo que está dispuesto a juzgalo por el hombre que es, y no por la familia que dejó atrás.

 En Inglaterra todo parece marchar sobre ruedas: Charles se muda con los Manette y gana un salario decente como tutor, y el doctor parece estar tan feliz como siempre. Pero espérate un momento, ¿no era esta una historia de dos ciudades? ¿Qué ocurrió con la otra?

 Está bien, nos pillaste. Mientras todo va como la seda en Londres, la situación en París no puede ser peor. Ojalá estuviéramos bromeando. El pueblo se muere de hambre, los nobles atropellan a los niños con sus carruajes y todo el mundo parece estar descontento. El nivel de desagrado es tal, que la gente empieza a unirse como "ciudadanos" de una nueva república. En este momento, Ernst Defarge y su esposa están en el centro de un grupo revolucionario. Suponemos que son revolucionarios porque son extremadamente herméticos. Además, sabemos que se llaman "Jacques" entre ellos, eso es "Jack" en francés.

 En la aldea de los Evrémonde, el marqués fue apuñalado durante la noche. ¡Ay, no! El gobierno ordena ahorcar al asesino, pero las tensiones no desaparecen. Finalmente, el administrador de las tierras de los Evrémonde, desesperado, envía una carta al nuevo marqués: debido al odio que el pueblo profesaba al antiguo marqués, lo encerraron a él en prisión.

 Una serie de casualidades hacen que Charles reciba la carta. No olvidemos que él es el marqués. Habrá sido despojado de su antiguo título y de sus tierras, pero no puede evitar sentirse responsable del destino de su administrador. Sin contar nada de lo ocurrido a su esposa ni a su suegro, se va para Francia.

 Pero desgraciadamente, escoge un mal momento para vacacionar. Para cuando llega a la costa francesa, los revolucionarios ya derrocaron al gobierno. El rey está a punto de ser decapitado y la siguiente va a ser la reina. Las ideas de asesinato y venganza inflaman a la turba. Tan pronto lo detienen, Charles se da cuenta del grave error que cometió. Cuando llega a París, lo hace en calidad de prisionero. Conforme a las nuevas leyes, es condenado a la guillotina.

 Por fortuna, el doctor Manette se entera de lo sucedido y, junto con Lucie, viaja a París de inmediato. Al llegar se da cuenta de que se convirtió en una especie de celebridad, ya que los que han sido arrestados injustamente durante el antiguo régimen son ahora reverenciados cuales héroes de la nueva república. El doctor aparece en el juicio contra Charles y deslumbra a los jueces cuando suplica por la liberación de su yerno.

 Por fin vuelve a reinar la paz. Más bien, la Revolución francesa sigue azotando Francia, pero los Manette y Charles están fuera de peligro, o al menos eso parece durante unas horas. Sin embargo, poco después Charles es arrestado de nuevo. En esta ocasión, los Defarge lo acusan de pertenecer a la nobleza y ser una vergüenza para el país.

 Desesperado, el doctor trata de intervenir, pero el segundo juicio de Charles no se desarrolla igual que el primero. Ernst Defarge presenta una carta, escrita por el mismísimo doctor Manette, que condena a Charles a muerte.

 ¡Un momento! ¿El doctor Manette? ¡Pero eso es imposible! Pues no, no lo es. Hace tiempo, el doctor redactó la historia de su encarcelamiento y guardó los rollos de papel en un muro de la Bastilla. Estos describen un sórdido relato sobre violaciones y asesinatos, crímenes cometidos por el padre y el hermano de Charles. Indignados, los ciudadanos revolucionarios que conforman el jurado concluyen que Charles debe pagar por los delitos de su padre.

 Sin embargo, antes de la ejecución, Sydney Carton llega en su rescate. Después de unos cuantos truquitos y disfraces, Charles vuelve a ser un hombre libre. Él y su familia se vuelven para Londres (más o menos) sanos y salvos. Sydney, por otro lado, no acaba tan bien: se hace pasar por Charles en prisión y muere en la guillotina.

 Una locura, ¿no crees? Pero la novela cree que su sacrificio es un acto heroico. Y lo cierto es que nosotros pensamos exactamente lo mismo.

sábado, 10 de febrero de 2018

Rayuela de Julio Cortázar


No tiene un argumento lineal, sino que es un compendio de varios argumentos. Cierto es que se centra la novela en la vida de un personaje que tiene un mayor peso que el resto: Horacio Oliveira, y será a través de las vivencias de este personaje como se desarrolle la trama de la novela.

Cada personaje tiene una historia que será narrada de una manera un deshilachada.  Para compensar esto, hay algunos temas que se repiten a lo largo de la novela: la música, el sexo, la violencia y el individualismo, acompañado todo ello con ciertos toques de humor que en algunos momentos llegan al surrealismo puro y duro.

Primero la acción transcurre en París. Oliveira tiene alrededor de 40 años, y no tiene trabajo. Se dedica a divagar sobre todo tipo de temas con los componentes del Club de la serpiente (al que también pertenece). Horacio mantiene relaciones con varias mujeres al mismo tiempo. Por un lado con la Maga (Lucía), por otro con una francesa (Pola), y aún mantiene una novia en Buenos Aires (Gekrepten).

 Horacio desea golpear, reventar a algún personaje, pero siempre lo hace (desde su punto de vista) por hacer un bien. Es el caso que se da con la pianista Berthe Tredat. Esta pianista, "vive en su mundo". En un concierto al que apenas asisten 20 personas y solo Horacio termina de ver, ella cree ver más de 200. Horacio la acompaña a su casa en un "día de perros" con una lluvia que le cala hasta los zapatos. Ella no deja de hablarle de grandezas, de sus éxitos (que nunca lo fueron) y Oliveira llega a la conclusión de que lo mejor sería reventarla para que no sufriera con la realidad. Por supuesto no la toca, porque la violencia de Oliveira es algo más mental que físico.

Cuando vuelve a Argentina (expulsado de Francia por escándalo público), los problemas los tendrán Traveler y su mujer Talita. En Buenos Aires, la violencia la ejercerá sobre sí mismo, cuando Cortázar nos da a entender que se tira desde la ventana del manicomio donde trabaja.

Otro personaje importante y que jugará un papel decisivo en la novela (de manera intranscendete) es Lucía  "la Maga". Es la pareja de Oliveira en París. Tiene un hijo (Rocamadour) y una vida truculenta a sus espaldas.

Tiene un complejo de inferioridad respecto al resto del Club de la Serpiente. Para ella, todos saben de todos los temas y ella lo único que quiere es absorber como una esponja tantos conocimientos como pueda. Ante esto resulta curioso que muchas de las mejores frases de la novela sean de ella: "es mucho más fácil hablar de las cosas tristes que de las alegres" (será porque su vida ha sido muy triste). Narra con total sencillez las veces que fue violada en Montevideo (donde nació).

Es madre de Rocamadour, ¿le pondrá este nombre al niño por la ciudad francesa conocido por su espiritualidad medieval?. El bebé está enfermo pero ella no quiere llevarlo al hospital. El capítulo 28 es posiblemente de los más duros del libro. El bebé muere y Lucía cree que duerme, todos los pertencientes al Club de la Serpiente saben que el niño ha muerto y esperan hasta altas horas de la madrugada, a que la madre se de cuenta. Rocamadour (el bebé) es un personaje del que se habla, su presencia es latente en casi todos los acontecientos que se producen en la etapa parisiense.

De los personajes que forman parte del Club de la Serpiente hay dos que sobresalen de los demás Gregorovius y Wong. El primero es otro intelectual  que está al nivel del propio Oliveira, eso unido a que está enamorado de Lucía "la Maga" provocará las malas relaciones entre estos dos.

Wong por otro lado es el personaje que encarna a lo violento, lo truculento, lo macabro. Y no porque sea lo primero, si no por lo que le gusta lo segundo y lo tercero. Si hay una escena que impacta por su dureza es aquella en la que Wong muestra a Oliveira unas fotos de la tortura producida en 1905 en Pekín.

 Con Traveler y Talita se da la dicotomía humor-dolor. Alguno de los pasajes mas surrealistas de la novela se producen con esta pareja y Oliveira. El capítulo 41 narra un momento delirante en el que los vecinos para ir de una casa a otra deciden unir sus ventanas mediante unas tablas para no tener que bajar y subir escaleras y cruzar la calle.

 Es uno de los mejores capitulos del libro, aúna el humor con el suspense de ver si Talita caerá al vacío cuando está cruzando la tabla para llevarle a Horacio unas hojas de mate y unos clavos.

El individualismo de la sociedad es otro tema que trata el autor. Hay un párrafo esclarecedor. En un café de París, hay unos albañiles, unos estudiantes, una lotera... todos van  a los suyo. En un momento dado se produce un accidente siendo atropellado un anciano, todos acuden a ver lo sucedido pero en cuanto empieza a llover todos vuelven a sus quehaceres, a su individualismo, a ocuparse de si mismos olvidándose de los demás.
Fuente: mislecturasclasicas.blogspot
          

domingo, 4 de febrero de 2018

La Paloma Apuñalada de Pietro Citati



El joven Proust fue feliz. Durante algunos años conoció el secreto de dejarse invadir por la felicidad porque un rayo de sol lo lamía, porque olía el perfume de una flor, porque amaba a una muchacha, porque quería a su madre, porque leía un buen libro, porque descubría las grandes leyes de la existencia. Después, lentamente y con pena, el «joven hombre brillante, sin timidez y sin ostentación», descubrió que no tenía la fuerza necesaria para la felicidad, que era un «hombre de dolor», un Extranjero (como Kafka, el otro gran y enigmático mito de la cultura de nuestro siglo).

Un día, en un jardín de París, contempló largamente un grupo de colombes poignardées - las palomas que llevan en el pecho una mancha roja, parecida a una herida ensangrentada y oscuramente comprendió que la «paloma apuñalada» era él, Marcel Proust, el hombre que apuñaló su propio corazón con un sentimiento muy agudo de culpa, y que fue apuñalado por cien dolores. Reynaldo Hahn, amigo y músico, que habia invitado a Proust al Jardín de Aclimatación, le dice sobre esa variedad de palomas con el pecho rojo: "Se diría que son ninfas que se han suicidado por amor".

Proust piensa en algún momento en "Colombe poignardée" como título posible para "A l'Ombre des Jeunes Filles en Fleur" y Pietro Citati lo escoge para su "estudio" sobre Proust y "La Recherche...", porque, entre otras tesis, piensa que Proust se enferma y muere por remordimientos, sobre todo respecto de su madre, y "En Busca del Tiempo Perdido" sería un magnífico intento de compensación de esas culpas.

Fue entonces que, sin darse cuenta, decidió abandonarse a su «mal sacro»; hizo del asma del que sufría desde niño un complicado sistema de hábitos y rituales que transformaron completamente su vida. Después de muchos años de frecuentar apasionadamente los salones de París, se volvió un recluso, poseído por momentos por un sentimiento atroz de derrota. Y sin embargo la neurosis tenía sus aspectos benéficos, era un maravilloso instrumento de conocimiento y dilatación.

Encerrado en su habitación revestida de corcho que lo protegía como si fuera una madre, comprendió que no era el hombre cualquiera y fragmentario que hasta entonces había creído que era. Desde ese momento, con un férrea voluntad, disfrazada frente a los amigos por las más amables e hipócritas excusas, se puso a preparar la última parte de su existencia: las miles de noches llenadas con la escritura de A la recherche du temps perdu.

En La paloma apuñalada, Pietro Citati nos lleva como nadie lo ha hecho antes muy cerca del misterio que fue Marcel Proust. Pietro Citati es un admirador profundo del genio francés. Citati, novelista, ensayista y autor de estudios biográficos sobre Goethe, Alejandro Magno, Katherine Mansfield, Kafka y Tolstoi, advierte que su libro "no es ni pretende ser una biografía" sobre Proust. El texto "canónico" al respecto, que no ha podido ser superado, sigue siendo el exhaustivo (aunque tedioso) "Marcel Proust", de George Painter, "el biógrafo". No obstante, las dos primeras partes del libro están fundamentalmente dedicadas a la vida de Proust. Citati demuestra allí un conocimiento profundo y decantado de la aplastante bibliografía, pero, por sobre todo, de los testimonios directos, de primera mano, que ha leído y releído: las primeras obras del propio autor francés, sus críticas periodísticas, su correspondencia, las referencias que de él dejaron sus contemporáneos, "La Recherche" misma.

La personalidad extraordinaria de Proust, los episodios centrales que marcaron su vida, los grandes amigos(Montesquiou, Daudet, Hahn, Anna de Noailles, Bibesco, Fenelon), los amores frustrados (todos lo fueron), los pliegues y sutilezas de la relación con su abuela y su madre, el asma como "mal sacro", su generosidad casi pródiga, una homosexualidad lacerante, las especulaciones financieras que lo llevaron a la ruina, su formación intelectual y literaria (La Biblia, Balzac, Shakespeare, George Eliot, Ruskin, Sainte- Beuve), el descubrimiento de su vocación y de las intuiciones básicas sobre las que construirá después "La Recherche", "la última catedral inacabada de Occidente", son descritos con un bello estilo, a la vez conciso y elocuente.

Citati es un lector enamorado de Proust, y las líneas de su obra transmiten a cada rato ese sentimiento casi de arrobo, pero que no resta lucidez ni penetración. Las páginas biográficas, entreveradas con referencias a sus obras (con citas intercaladas con discreción y sin las molestas notas a pie de página), proporcionan una visión refulgente y conmovedora de la vida de Proust.

¿Cuáles son las claves que Citati esboza de esta existencia tan compleja y única? Una sobreabundancia extraordinaria de sensibilidad, ternura e inteligencia (la capacidad de ver dioses enmascarados en la vida cotidiana); el anhelo desmesurado de felicidad, en especial de la felicidad (ardientemente perseguida y escasamente alcanzada) que da el otro individuo a través del amor; el morboso sentimiento de culpa, sobre todo hacia su madre; la búsqueda incesante de la singularidad del otro ("El hecho es que en toda mi vida siempre pensé poquísimo en mí mismo"), a lo cual se añade su derroche de sociabilidad, simpatía y capacidad mimética; el dolor omnipresente como engendrador de conocimiento y belleza; su conjunción final con la enfermedad y la muerte.

viernes, 2 de febrero de 2018

El faro del fin del mundo de Julio Verne

En el extremo sur de Argentina, en la Isla de los Estados, existe una edificación de seis metros de altura ubicada a sesenta metros sobre el nivel del mar que, a pesar de ser denominado de forma oficial como Faro de San Juan de Salvamento, se conoce como El faro del fin del mundo. La Isla de los Estados está cerca del Estrecho de Magallanes y el Cabo de Hornos, donde el Atlántico le da la mano al Pacífico, en el departamento de Ushuaia de la provincia de Tierra del Fuego.
El faro de San Juan de Salvamento se encuentra al noroeste de la Isla. Fue construido en el año 1884 y funcionó hasta 1899, siendo por aquellos tiempos la única luz que tenían los navegantes en el mar austral. También era la última referencia antes de lo desconocido, la Antártida.
Es una casa octogonal, baja, que se encuentra sobre un promontorio rocoso, con la linterna en su techo, y en cuyos lados se ubicaban ventanales de vidrio por donde emergía la luz, fija, proporcionada por ocho lámparas de petróleo.
Julio Verne se inspiró en este faro para escribir hacia 1901 su novela. Todo indica que el autor conocía la zona, ya sea por haber leído o escuchado relatos de viajeros, o por haber dejado volar la fantasía a partir de los mapas de la época.
El gobierno de Argentina decide construir un faro en esa isla para guiar a los navegantes en las peligrosas aguas y así evitar los constantes naufragios. Y envía a tres fareros, Felipe, Vázquez y Moriz, pero esta misión pacifica va a trastornarse por completo con la aparición de unos piratas sin escrúpulos que actuarán con inusitada violencia.
A los pocos días de instalarse los fareros encuentran un venado muerto por el disparo de una bala por lo que deducen que no están solos en la isla. Y es que, desde hacía quince meses, unos piratas habían naufragado en la otra punta de la isla. Estos piratas vivían de lo que les llegaba por mar de los naufragios que había antes de la construcción del faro.
Estos piratas reciben un día la llegada de un barco sin tripulación que embarranca justo en la cala en la que ellos se encuentran. Lo hacen suyo y rodean la isla para reparar el casco y apagar el faro para aprovecharse de los botines de los naufragios que se vayan produciendo.
La banda de piratas dirigidos por el terrible Kongre dan muerte a dos de ellos, y queda con vida únicamente al jefe, Vázquez, que ha logrado ocultarse. El valeroso Vázquez tratará entonces de sobrevivir en ese lejano paraje, y al mismo tiempo buscará la manera de terminar con las fechorías de los malhechores.
En el enfrentamiento que sigue se debatirán la desesperada lucha por la libertad del cabecilla de los piratas, Kongre, y la tenacidad y heroísmo, de Vázquez, con quien se alían los elementos de la naturaleza y el implacable paso del tiempo.
Vázquez procurará preparar la forma de enfrentarse a Kongre y su violento grupo de piratas. Posteriormente, un náufrago estadounidense de origen escocés, John Davis, será el compañero de Vázquez en su lucha contra los piratas.
Kongre es para muchos el más vil de sus villanos; aunque, como de costumbre, Verne se adentra poco en la psiquis de sus personajes. Sin embargo, el argentino Vázquez es un personaje muy bien construido; su temple, su valentía y su coraje contrastan con el sombrío carácter del pirata.
Un tiempo después acontece otro naufragio, el de un barco llamado Century, y un marino estadounidense llamado John Davis que logra sobrevivir y llegar a la isla, se trasformara en el aliado de Vázquez para hacer frente a los piratas.
Al mismo tiempo, los dos héroes están a la espera que el barco argentino que había dejado en la isla tres meses atrás a los fareros y que debe volver para traer a sus relevos, regrese a la isla para ayudarlos a luchar con los piratas.
"El faro del fin del mundo" es una novela de tono oscuro, en la que los pillajes y la crueldad de los malhechores reflejan el sentir, el pesimismo y la desilusión que tenía Julio Verne en sus últimos años, siendo quizá una de las principales novelas en las que es evidente que Verne era más que un escritor sólo para niños y jóvenes. Algunos estudiosos de Verne insisten en que pocas historias de este escritor recurren a actos tan fuertes de pillaje y de violencia.
A diferencia de la mayoría de Viajes Extraordinarios, esta novela es estática, ya que en ella no predomina un viaje como hilo conductor de la acción; por el contrario, la Isla de los Estados se convierte en una cárcel de soledad y desolación, en tanto el mar, en un muro infranqueable que evita la huida de los piratas de la banda de Kongre.
Es uno de los mejores relatos de la última etapa literaria de Verne; y como es frecuente en dicho periodo, los elementos realistas predominan sobre la ficción fantástica.